Galería, lectura


Narración fantástica
Narraciones fantásticas cortas

UN EXTRAÑO DESEO (relato fantástico)





Narrativa y arte gráfico


—Los dibujos no corresponden al texto.

—¿Y?

—Pues no funcionan como ilustraciones —contestó con firmeza, Martha, mientras fruncía el ceño.

—Ha de ser porque no las coloqué con ese fin —respondí tranquilamente.

—¿Entonces?

Dejé que surgiera un breve silencio mientras tomaba aire para explicarme.

—¿Recuerdas la cafetería a la que fuimos la semana pasada.

Movió ligeramente la cabeza de arriba a abajo para asentir.

—Las fotografías que exponían no tenían nada que ver con la cafetería.

—Eran parte de la decoración —alegó como si se tratara de algo obvio.

—No, en realidad no —dije de manera precipitada.

—¿Cómo qué no?

—En verdad te digo que no. La cafetería, adicionalmente, tenía una función de exhibición; tal y como puede darse en una galería de arte, sólo que en este caso es un ambiente más relajado.

Se quedó considerando mi aseveración, y con ganas de entenderme preguntó.

—¿Cómo el restaurante aquel que tanto te gustaba y donde también vendían libros?

—Exactamente. Lo importante en este caso es que se desarrolla una doble función.

—¿Y tú pretendes usar la historia corta que escribiste como un espacio de exhibición?

—¿Por qué no? —respondí de inmediato—. A mi parecer, le estoy ofreciendo a mis lectores un doble producto. Por un lado, está la historia que estoy presentado y, por el otro, les dejó imágenes de dibujos que he realizado.

—De desnudos…

—Son desnudos artísticos, para ser precisos. Además, en la clasificación del libro y en la primera página del texto hago la advertencia de que no es apto para menores de 18 años.

Martha alzó levemente la ceja derecha y torció a un lado la boca.

—Te sigue pareciendo raro todo esto, ¿verdad?

—Un poco.

—Mira, pretendo manejar esta doble función; narrativa/ exhibición como parte constante de mi obra.

—Pues es tu libro y, si así lo consideras, supongo que está bien.

Yo sólo guiñe el ojo como gesto de aceptación.



Este breve dialogo, aunque un tanto matizado, en verdad sucedió. Mi esposa, a la fecha, me sigue viendo como un bicho raro cada vez que le doy un texto a revisión y se encuentra con alguno de mis dibujos. Pero la verdad es que mí me gusta y, como dicen por acá: “si no hago esto en mi tierra, entonces en dónde…”





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