Literatura fantástica características







Lo fantástico segunda parte


Lo fantástico se ubica como parte intermedia a otros dos géneros. De hecho se encuentra en el precario límite de estos. De lo llamado maravilloso y lo conocido como extraño. Donde lo maravilloso conlleva elementos de orden sobrenatural. Mientras que en lo extraño podrían ser analizados, los eventos mencionados, a partir de lecturas de orden psicoanalíticas. Puede emplearse, para ilustrar esto, la mención de la mayor parte de las obras de Dostoievski donde si bien la lectura ofrece elementos que detonen una cierta incertidumbre en el lector, son estos dados por la expresión de los mismos sentimientos de sus personajes.

Lo fantástico es un género intermedio a estos dos, suele inclinarse al final de uno de estos dos lados conociéndose como lo fantástico-maravilloso (La ciencia ficción se encuentra dentro de este grupo. De hecho, anteriormente, se le conocía también como lo maravilloso científico. Pues dentro de los efectos sobrenaturales presentados, éstos eran correspondientes a la derivación de la implementación sobre conocimientos de orden científico a los cuales por el momento no se tiene acceso), y lo fantástico-extraño (dicha clasificación podría ser representada de la siguiente manera).[1]


Extraño puro

Fantástico-extraño

Fantástico puro

Fantástico-maravilloso

Maravilloso puro


Lo fantástico- extraño se basa, principalmente, en el establecimiento de una relación con los sentimientos experimentados por el lector. No con el material propio del acontecimiento que desafía la razón.

Los acontecimientos que parecen ser sobrenaturales reciben al final una lógica elucidación. Existen diferentes maneras de aclarar los eventos “insólitos” presentados; ya que estos bien podrían generarse por una simple casualidad, por ser producto de sueños, por el consumo de sustancias tóxicas, por una mala interpretación sobre percepciones realizadas donde se incluyen distintos estados de orden sicótico, por simples trampas o trucos, etc.

En el cuento El Monje Negro de Anton Chéjov, se presenta una particular relación entre un ser fantástico que, según una leyenda, se manifiesta cada mil años y un individuo normal con una elevada concepción sobre sus capacidades personales. Las primeras menciones sobre las apariciones como el establecimiento de las relaciones, parecen inclinarse sobre el terreno de lo sobrenatural. Pero al final, todo se explica como consecuencia de simples alucinaciones producto del agotamiento extremo, mala alimentación y ciertos desordenes de tipo mental. Por lo que, en este caso en particular, lo fantástico queda marcado por lo extraño. Es decir, lo llamado Fantástico- extraño.[2]

Estas “excusas” pueden ser a la vez clasificadas en dos órdenes distintos: lo real-imaginario y lo real-ilusorio. En el primer grupo todo lo visto o creído ver es producto de una imaginación desbordante y desordenada (sueño, locura, drogas). Mientras que en el segundo caso; los eventos que en realidad sucedieron reciben una explicación por vías racionales (casualidad, trucos, ilusiones o espejismos).

En el caso del relato fantástico-maravilloso, las explicaciones presentadas solo pueden ser consideradas como verosímiles cuando están éstas inclinadas del lado de lo sobrenatural (Es característico de lo fantástico- maravilloso centrar la atención en la naturaleza propia de los acontecimientos y no en la actitud que frente a ellos ha de tomar el lector). Además, generalmente no suelen ofrecer, o lo hacen de manera deficiente, explicaciones que puedan pertenecer al medio de la razón. La carencia en la cantidad o calidad de tales explicaciones es lo que permite al relato fantástico- maravilloso permanecer más cercano a lo fantástico puro pues siempre existe la posibilidad de considerar la existencia, aunque por el momento sea desconocida, de alguna explicación satisfactoria.

Para un ejemplo dentro de lo maravilloso puro puede mencionarse la obra de Théophile Gautier; La muerta enamorada. Donde la predominancia de posibles explicaciones a los diversos eventos sucedidos solo puede ser de orden sobrenatural.


Dentro del ámbito de lo maravilloso, pueden a la vez reconocerse, por detalles específicos, ciertas variantes; las cuales son clasificadas en cuatro tipos:


1. Lo maravilloso hiperbólico; donde un evento es sobrenatural por la superación de las dimensiones normales que le caracterizan, como podría ser un sueño de 100 años o un gorila de 40 m de altura.

2. Lo maravilloso exótico; bastante parecido a lo anterior con la salvedad que los eventos sobrenaturales no son presentados como tales. Dichos eventos son supuestamente naturales en las regiones donde se suceden y al ser éstas desconocidas por el lector no puede poner en duda su existencia.

3. Lo maravilloso Instrumental; donde se presenta como algo maravilloso ciertos adelantos técnicos, que si bien podrían en un futuro ser realizables, en el momento justo de la descripción del relato, resultan imposibles.

4. Lo maravilloso científico; o ciencia ficción. Aquí los eventos u objetos maravillosos, si bien cuentan con una lógica científica son imposibles para la ciencia contemporánea.


Por esta vez, mi intención era la de hacer justicia frente al odio de lo maravilloso que domina en ciertos hombres, frente a esa ridiculez en que quieren hacerlo caer. Digámoslo sin rodeos: lo maravilloso es siempre bello, cualquier clase de maravilloso es bello, y aún lo maravilloso es lo único bello que hay.[3]






[1] El diagrama presentado es similar al ofrecido en: Todorov, Tzvetan, Introducción a la Literatura Fantástica, Traducción Silvia Delpy, Ediciones Coyoacán, S.A. de C.V. México, 2005 (5ª reimpresión) 1994 (1ª edición Coyoacán). [2] Sobre el cuento mencionado de Chejov, consultar la siguiente dirección electrónica: https://narrativabreve.com/2013/07/cuento-chejov-monje-negro.html [3]Breton, André, Antología (1913 – 1966), selección: Marguerite Bonnet, Traducción: Tomás Segovia, Siglo XXI editores, México 2004 ( 13ª edición), 1973 (1ª edición).

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