La gramática de la fantasía



Al interior de la fantasía


Para la escuela Psicoanalítica, las fantasías, en términos generales, son complejas estructuras que en cierta forma colaboran con la síntesis y abstracción en la concepción de nuestro propio ser y su representación mental. Teniendo por tanto, un efecto en nuestra organización mental, así como una influencia directa en nuestro comportamiento.


La imagen del Yo surge con características que son determinadas por las diversas fantasías creadas sobre nuestro entorno y la manera como con éste nos relacionamos. Lucy Freeman, en: El poder de la fantasía, atribuye a William I. Grossman la siguiente frase: “Cada uno posee muchas fantasías sobre lo que es, lo que le gustaría ser o lo que desearía no ser, todo lo cual se suma hasta formar lo que uno considera que es el Yo”





“La fantasía se refiere a una imagen mental que puede ser consciente o inconsciente, generalmente relacionada con un deseo.” [1]



Existen las fantasías que se encuentran dentro de un cierto nivel inmediato de nuestra personalidad. Son llamadas a su vez ensoñaciones y, entre otras cosas, funcionan como válvulas de escape, fuentes de consuelo, alivio, diversión, etc. Tienen una gran referencia, aunque a veces no tan evidente, con la imagen del Yo. Se mantienen dentro de los límites de una moralidad dominante y son controlables por el hecho de ser y crearse dentro de una conciencia.


Por otro lado, también existen fantasías que se encuentran presentes y actúan a un nivel más profundo, inconsciente. Estas intervienen en la estructuración sobre el sentido de las representaciones de nuestras experiencias. Y son, como mencionara Grossman: “El material que constituyen la interacción y reflexión humana, ya sea que se represente en acción, imaginación, pensamiento o narración”.


Las fantasías inconscientes se remontan a nuestros primeros días de vida y están ligadas a un principio de placer. Se dan de una forma totalmente natural, son libres por el hecho de no encontrarse censuradas o delimitadas por cuestiones de principios sociales o morales.


Con un matiz distinto y, a manera de cierta complementariedad de lo anterior, se presenta la aseveración de Freud, en “Introducción al Psicoanálisis”, en cuanto a que el Yo se somete al principio de realidad, sacrificando sus deseos y placeres. Se marca, justamente en ese momento, donde surge la fantasía como elemento compensador ofreciéndole al individuo ciertas gratificaciones mentales de orden inmediato con lo cual se estimulan energías vitales y creativas. En este caso, la fantasía funciona como un medio de indemnización a las exigencias limitativas del principio de realidad. En 1924, Freud describió, en otro artículo, a la fantasía como un derivado de los recuerdos reprimidos que tratan de aflorar, de manera disfrazada, a la superficie de la conciencia.


Sobre estas ideas y algunas otras, Fernando Jiménez H.-Pinzón, en su libro: “La Fantasía como terapia de la personalidad” resume las diversas posturas de Freud, respecto a las funciones de la fantasía, en seis apartados:


1. Realiza deseos secretos y reprimidos.

2. Protege de la angustia, descargando la tensión instintual.

3. Permite a los recuerdos reprimidos hacerse conscientes, aunque de alguna forma modificados o disfrazados.

4. Ayudan al Yo a hacerse independiente del mundo exterior, compensándose con gratificaciones intrínsecas.

5. Le proporciona al Yo el tiempo y los medios de modificar las circunstancias exteriores.

6. La fantasía es una actividad mental que autoriza el placer; realiza los deseos, liberándolos de las exigencias de la realidad; anticipa situaciones futuras donde se facilita el cumplimiento de los deseos.


De estas posturas, al paso del tiempo, algunas han sido ratificadas y otras tantas cuestionadas y replanteadas. Depende, a fin de cuentas, del enfoque particular de cada autor que las ha estudiado y llegado a considerar. Lo que al parecer ha sido más o menos constante, es la postura de que la fantasía se encuentra estrechamente vinculada a la función del Yo y que tiene un carácter defensivo contra las represiones que el principio de realidad presenta.


A partir de los mencionados escritos de Freud, autores como J. Laplanche y J.B. Pontalis, distinguen distintos niveles de fantasías (“Phantasie” según el término freudiano).


Enfocándonos únicamente en las fantasías conscientes e inconscientes, tenemos que las fantasías conscientes se identifican como ensueños o sueños diurnos que el sujeto forja en un estado de vigilia. Las fantasías inconscientes son responsables de la estructuración de su personalidad y de las cuales puede o no llegar a tener conciencia.





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[1]Freeman, Lucy y Kupfermann, Kerstin, El poder de la Fantasía, Traducción: Humberto Sotomayor Terán, Edit. Pax México, México 1992 (1ª edición).

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